
A finales del siglo XVIII sobresalía en
Francia un hombre de aspecto bondadoso, modales dulces, y una amplia
cultura, que atraía a los espíritus refinados, y a los
más altos círculos de la sociedad francesa, con una filosofía
muy espiritual y esperanzadora.
Se le conocía con el sobrenombre del Filósofo Desconocido,
pseudónimo con el que firmaba sus obras, y a él pertenecen
las siguientes frases:
El hombre es Hijo de Dios y colaborador
de Dios
Todo cuanto se encuentra en el universo y en la
Naturaleza, también se encuentra en el Hombre
El
ser humano es un angel caido, pero
su voluntad y libre albedrío
lo llevarán de nuevo a la luz de donde vino
Dentro
de nosotros se encuentra el Árbol de la Vida,
y el Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal.
Este personaje era Louis Claude de Saint Martín, el Filósofo
Desconocido, quien había recibido gran parte de sus enseñanzas
dentro de la Orden de los Caballeros Elegidos Cohem del Universo, que
fue fundada por el español Martínez de Pasqually, siendo
su secretario y uno de sus discípulos preferidos.
Louis Claude de Saint Martín, a través de la preparación
que recibió de su Maestro, y por su propia evolución espiritual,
creó un sistema de filosofía espiritual muy elevado que,
aún hoy, sigue siendo un camino de inspiración para muchas
almas que aspiran a reintegrarse en el Reino Primordial (el mundo espiritual)
donde el Hombre, al principio, gozó de amplias prerrogativas
hasta su caída voluntaria, para desempeñar una misión,
en el mundo material, o bosque de los errores.
A este sistema de filosofía espiritual que, durante siglos, ha
causado admiración por su elevado y refinado sentido de la percepción
de lo espiritual y de la Unidad que hay en toda la Creación se
le conoce como el Martinismo.

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